Hay una clase de moléculas que el ser humano sintetizó por primera vez en los años cuarenta y que, ochenta años después, está en la sangre de prácticamente cualquier persona del planeta que se haga un análisis. Los CDC estadounidenses, a través del programa NHANES, llevan midiéndolas desde 1999 en muestras representativas de la población. La cifra que sale año tras año es incómoda: más del 98% de los estadounidenses analizados tiene PFAS detectables en sangre. Las concentraciones medias de PFOS han bajado más del 85% y las de PFOA más del 70% desde el año 2000, pero la presencia es prácticamente universal y, en personas adolescentes, sigue siendo medible incluso en quienes nacieron después de que las empresas dejaran de fabricar las versiones más conocidas. La pregunta que conviene plantearse no es si tenemos PFAS en el cuerpo. Es por dónde llegaron, qué hacen ahí y por qué tardamos siete décadas en regular su entrada al agua del grifo.
Qué son los PFAS y cómo nos invadieron
Los PFAS son sustancias per- y polifluoroalquiladas: cadenas de carbono en las que algunos o todos los enlaces carbono-hidrógeno han sido sustituidos por enlaces carbono-flúor. Ese enlace, uno de los más estables de la química orgánica, es lo que les da las propiedades industriales valiosas (no se mojan, no se manchan, no se queman, resisten ácidos, resisten grasas) y al mismo tiempo lo que les da el apodo de «químicos eternos»: una vez fabricados, no se descomponen en escalas de tiempo humanas.
Bajo la definición que la OCDE y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente publicaron en 2021, el grupo abarca más de 10.000 sustancias distintas. La industria los ha empleado desde los años cuarenta y cincuenta para impermeabilizar tejidos, antiadherentes de cocina, espumas contra incendios, envases de comida rápida, lubricantes técnicos, recubrimientos de papel, tintas, pinturas, ceras y, muy especialmente, materiales de construcción: membranas de cubierta, alfombras, sellantes, masillas, adhesivos, pinturas y carpinterías. La invasión no fue noticiosa porque su gracia industrial es precisamente que no se ven, no se huelen y no se desprenden de forma evidente del producto. Llegan al ambiente por la fabricación, por el desgaste durante la vida útil del objeto y por la disposición al final de esa vida.
Lo que provocan en la salud humana
La literatura epidemiológica acumulada en los últimos veinte años ha asociado la exposición a PFAS con un catálogo amplio: aumento del colesterol total, hipertensión inducida en el embarazo, alteración de la función hepática, descenso de la respuesta inmunitaria a vacunas en niños, peso al nacer reducido, aumento del riesgo de cáncer de testículo y cáncer renal, y trastornos tiroideos. La International Agency for Research on Cancer clasificó el PFOA como carcinógeno del grupo 1 (carcinogénico para humanos) en su monografía de 2023 y el PFOS como del grupo 2B (posible carcinógeno).
La incomodidad ética del expediente no está en que alguno de estos efectos requiera todavía investigación. Está en que la mayoría se documentaron internamente por los fabricantes décadas antes de hacerse públicos. Documentos sometidos a tribunales en EE. UU. mostraron que tanto DuPont como 3M conocían efectos sobre la salud de sus trabajadores en los años setenta y ochenta y siguieron produciendo y vendiendo sin alterar sustancialmente la operación.
Más allá de las personas: animales y plantas
Vendl y colaboradores publicaron en 2024 en Ecological Solutions and Evidence un mapa sistemático de toda la investigación PFAS en fauna silvestre disponible en literatura científica: más de 200 estudios revisados por pares han detectado más de 120 compuestos PFAS distintos en 625 especies animales en los cinco continentes y los océanos. Las concentraciones más altas se registran en osos polares del Ártico, donde son aproximadamente diez veces superiores a las medidas en las personas que viven en la misma región. Las especies más estudiadas son la carpa común (8% de los estudios), el oso polar (6%) y la perca europea (5%).
En vegetación, los PFAS se acumulan en suelos contaminados, ascienden por las raíces, se concentran en hojas y frutos y entran en la cadena alimentaria por la ganadería, la pesca de río y el consumo humano de hortalizas regadas con aguas afectadas. La autoridad europea de seguridad alimentaria (EFSA) revisó la ingesta tolerable semanal en 2020 a 4,4 ng/kg de peso corporal para la suma de PFOA, PFOS, PFNA y PFHxS, un valor que en estudios de dieta europea ya se supera regularmente solo con consumo habitual de pescado y frutas y verduras de cultivo intensivo.
Lo que la ciencia ha rastreado y cómo se está previniendo
Las herramientas de rastreo son tres principalmente. La biomonitorización en sangre humana, encabezada por NHANES desde 1999 en EE. UU. y replicada por estudios DEMOCOPHES y HBM4EU en Europa, mide qué entra y qué se queda dentro. La vigilancia ambiental mide presencia en aguas, suelos, sedimentos y aire: en España la lleva la Dirección General del Agua del MITECO mediante el Programa de Vigilancia de la Lista de Observación, que en 2023 muestreó 23 puntos en Zonas de Captación de Agua Potable analizando 24 PFAS distintos. La epidemiología relaciona exposición y enfermedad mediante cohortes prospectivas como la cohorte C8 Health Project en Ohio y Virginia Occidental, que reclutó a 69.000 personas con agua contaminada y siguió su salud durante años.
La prevención avanza por dos vías paralelas: el control en la entrada (regulación de fabricación y uso) y el control en el final del recorrido (límites en agua potable, alimentos y materiales). En 2024 la EPA estadounidense fijó por primera vez Niveles Máximos de Contaminante (MCL) federales: 4 ng/L para PFOA y PFOS individualmente, y 10 ng/L para PFHxS, PFNA y HFPO-DA, además de un Hazard Index de 1 para mezclas. Los suministradores tienen tres años para monitorizar y cinco para cumplir. En la UE, las autoridades de Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Noruega y Suecia presentaron en enero de 2023 una propuesta de restricción universal bajo REACH que abarca más de 10.000 sustancias PFAS; la decisión final está prevista para finales de 2026. En España, el Real Decreto 3/2023 fijó la obligación de los suministradores de agua de analizar cuatro PFAS antes del 2 de enero de 2024 y cumplir parámetros específicos antes del 2 de enero de 2025.
Cómo se transmiten de padres a hijos
Mamsen, Björvang y colaboradores publicaron entre 2017 y 2019 en Environment International mediciones directas de PFAS en órganos embrionarios y fetales humanos del primer, segundo y tercer trimestre del embarazo. Encontraron PFOA, PFOS y otros perfluorados en hígado, pulmón, cerebro y placenta. Un meta-análisis publicado en 2021 cuantificó las eficiencias de transferencia placentaria: oscilan entre el 36% (PFUnDA, PFDA) y más del 100% (algunos isómeros ramificados de FOSA), lo que significa que ciertos compuestos se concentran en el feto a niveles superiores a los de la madre.
Tras el nacimiento, la lactancia materna prolonga la transferencia. Estudios en cohortes de madre-hijo en regiones con agua contaminada (Ronneby, Suecia) han documentado niveles persistentemente elevados en niños hasta varios años después del cese de la exposición materna. La consecuencia operativa es ineludible: la decisión que un Estado tarda diez o veinte años en regular se hereda biológicamente al menos a una generación.
Quién se benefició: el caso DuPont y 3M
El caso paradigmático es Parkersburg, Virginia Occidental. En 1999 el ganadero Wilbur Tennant denunció a DuPont porque sus vacas morían cerca de un vertedero de la empresa. Su abogado, Robert Bilott, descubrió documentos internos que revelaban que DuPont conocía los efectos del PFOA (denominado internamente C8) sobre la salud de los trabajadores desde los años setenta. En 2001 presentó una demanda colectiva en nombre de aproximadamente 70.000 personas residentes en seis distritos de suministro de agua afectados, que crecería hasta 80.000. La sentencia y los acuerdos posteriores derivaron en pagos por valor superior a 850 millones de dólares y, sobre todo, en la financiación del C8 Health Project, una cohorte epidemiológica que correlacionó la exposición a PFOA con cáncer de testículo, cáncer renal, colitis ulcerosa, hipertensión inducida en el embarazo y disfunción tiroidea.
3M, fabricante histórico de PFOS, llegó en junio de 2024 a un acuerdo de 10.300 millones de dólares con sistemas públicos de agua de EE. UU. para financiar la descontaminación. La empresa anunció además que dejaría de fabricar PFAS para finales de 2025. Beneficiarios identificados a lo largo de setenta años: los accionistas y los balances de las dos compañías, que crecieron sostenidamente durante todo el periodo en que ocultaron datos. Coste compartido por todos: medio mundo con PFAS en sangre, agua potable a descontaminar a costa del contribuyente y el ratepayer.
Construcción: dónde están y cómo evitarlos
El informe del Green Science Policy Institute publicado en 2021, Building a Better World: Eliminating Unnecessary PFAS in Building Materials, sistematizó el catálogo. PFAS están presentes en membranas impermeabilizantes de cubierta, pinturas y recubrimientos exteriores e interiores, sellantes, masillas, adhesivos, alfombras, mobiliario de oficina y tapicería textil. La función industrial principal es repelencia al agua y a la grasa, resistencia química y durabilidad superficial. La buena noticia es que existen alternativas comerciales sin PFAS para todas estas categorías: aceites vegetales modificados, ceras naturales, recubrimientos de silicio, polímeros estándar sin fluoro y tejidos no tratados ya cubren las prestaciones razonables del mercado.
Para el proyectista la herramienta operativa son los certificados que vetan PFAS explícitamente. La Living Building Challenge (LBC) Red List, mantenida por el International Living Future Institute desde 2006, añadió en mayo de 2023 un total de 5.938 sustancias PFAS adicionales y ya supera las 12.500 entradas en su versión 2024, con más de 10.000 PFAS específicamente prohibidos. La etiqueta Declare del mismo organismo permite identificar productos sin Red List. La certificación Cradle to Cradle restringe PFAS en sus niveles altos a través del módulo Material Health. Especificar productos con estas etiquetas en la documentación de obra es lo más cerca que el sector está hoy de garantizar PFAS-free.
Conclusión: la administración llega tarde
El argumento «no se sabía» está cerrado. DuPont y 3M conocían los efectos sobre la salud humana en los años setenta. La EPA puso el primer límite federal en agua potable en 2024. Cincuenta años de margen entre lo que la industria sabía y lo que el ciudadano podía exigir. La Unión Europea espera todavía la decisión final de la propuesta universal de restricción para 2026. España publicó su Real Decreto en 2023, dejando dos años de cortesía a los suministradores antes de cumplir parámetros. Mientras tanto, los PFAS siguen entrando por la cubierta, por la alfombra, por el sofá, por la pintura y por el grifo, todos los días, en todas las casas. La inacción no es un fallo técnico; es una decisión administrativa. Que se sepa, que conste y que se nombre.
Referencias bibliográficas
- Calafat, A. M., et al. (2025). Per- and polyfluoroalkyl substances (PFAS) exposure in the U.S. population: NHANES 1999-March 2020. Environmental Research. PMC12082571. PubMed PMID: 39848516.
- U.S. Environmental Protection Agency. (2024). Final PFAS National Primary Drinking Water Regulation. Federal Register, 89 FR 32532, doc 2024-07773.
- European Chemicals Agency, Denmark, Germany, Netherlands, Norway and Sweden. (2023). Annex XV restriction proposal — universal PFAS restriction. ECHA. Updated background document August 2025.
- Real Decreto 3/2023, de 10 de enero, por el que se establecen los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, su control y suministro. BOE núm. 9, de 11 de enero de 2023.
- Mamsen, L. S., Björvang, R. D., Mucs, D., Vinnars, M. T., Papadogiannakis, N., Lindh, C. H., Andersen, C. Y., & Damdimopoulou, P. (2019). Concentrations of perfluoroalkyl substances (PFASs) in human embryonic and fetal organs from first, second, and third trimester pregnancies. Environment International, 124, 482-492. DOI: 10.1016/j.envint.2019.01.010
- Vendl, C., et al. (2024). Profiling research on PFAS in wildlife: Systematic evidence map and bibliometric analysis. Ecological Solutions and Evidence, 5(1), e12292. DOI: 10.1002/2688-8319.12292
- Green Science Policy Institute. (2021). Building a Better World: Eliminating Unnecessary PFAS in Building Materials. Berkeley, California.
- International Living Future Institute. (2024). Living Building Challenge Red List 2024 Update. Seattle, Washington.
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