Islas de calor urbanas: el 4% de muertes estivales que la ciudad fabrica

Un estudio de ISGlobal publicado en The Lancet en 2023 cuantificó por primera vez la cifra: el 4,3% de la mortalidad estival en las ciudades europeas es atribuible a la isla de calor urbana. Madrid arrastra hasta 8,5 °C de diferencial con el campo. Plantar árboles hasta cubrir el 30% del suelo evitaría un tercio de esas muertes.

Islas de calor urbanas: el 4% de muertes estivales que la ciudad fabrica

Una ola de calor en una ciudad mata más que la misma ola en el campo. La razón no es metafísica ni opinable: es que la propia ciudad genera calor adicional por su geometría, su materialidad y su falta de vegetación. El fenómeno se llama isla de calor urbana (urban heat island, UHI), se conoce desde el siglo XIX y se mide con instrumentos baratos. Lo que faltaba hasta hace pocos años era una cuantificación rigurosa de cuánto cuesta en vidas. La cifra llegó en enero de 2023 por equipo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), publicada en The Lancet: el 4,3% de la mortalidad estival en 93 ciudades europeas es atribuible al efecto de isla de calor. Y un tercio de esas muertes se evitaría si esas mismas ciudades alcanzaran un 30% de cobertura arbórea. La conclusión inmediata para el sector de la edificación y para los planeamientos municipales es clara: la calidad del espacio público no es estética, es salud pública medible.

El estudio Iungman 2023: 4,3% de muertes

Tamara Iungman, Mark Nieuwenhuijsen y colaboradores de ISGlobal, en colaboración con la London School of Hygiene and Tropical Medicine y otros centros, analizaron la mortalidad de personas mayores de 20 años en 93 ciudades europeas (57 millones de habitantes) entre junio y agosto de 2015. La metodología cruzó series de temperatura urbana y rural a resolución de 250 × 250 metros con datos de mortalidad diaria por área. Modelaron el escenario contrafáctico de eliminación del exceso urbano de temperatura y el escenario de aumento de cobertura arbórea hasta el 30%.

Los resultados: el 4,3% de la mortalidad estival es atribuible al efecto de isla de calor. La mortalidad atribuible al calor en su conjunto (incluida la rural) habría bajado un 39,5% si las ciudades hubieran alcanzado el 30% de cobertura arbórea. La cifra de 4,3% no es la mortalidad por ola de calor: es el componente exclusivamente urbano, el suplemento que añade la ciudad al riesgo termico que un mismo individuo tendría viviendo a 30 km en un pueblo.

Por qué una ciudad es más caliente que el campo

El balance térmico de una ciudad difiere del de un entorno rural por cuatro razones principales. Primera, el albedo: el asfalto fresco refleja del orden del 5% de la radiación solar y el aglomerado urbano oscuro entre el 10 y el 20%, frente al 25-30% de un campo de cultivo o el 50% de una superficie blanca. La radiación solar absorbida se transforma en calor sensible y se libera al aire. Segunda, la inercia térmica: el hormigón y el ladrillo almacenan energía durante el día y la liberan durante la noche, impidiendo el enfriamiento por radiación al cielo. Tercera, la falta de evapotranspiración: la vegetación enfría por evaporación de agua a través de las hojas; un metro cuadrado de árbol urbano puede evapotranspirar entre 2 y 5 litros al día y refrescar localmente entre 1 y 5 °C. Cuarta, el calor antropogénico: vehículos, climatización, actividad industrial y, sobre todo, los condensadores de aire acondicionado expulsan calor neto al espacio público.

El resultado es que la diferencia centro-rural se concentra en la noche y al final del verano, justo cuando el descanso del cuerpo depende de bajar de 25 °C en el dormitorio. La isla de calor no se ve, no es noticia hasta que cae el primer anciano sin domicilio refrigerado.

Madrid +8,5 °C: la fotografía española

La consultora Arup publicó en 2023 un análisis comparativo del efecto isla de calor en seis grandes ciudades del mundo basado en imagen satelital y modelos de inteligencia artificial. Madrid resultó el caso más extremo: el centro registra hasta 8,5 °C por encima de la temperatura rural circundante en los picos de verano. Plaza Juan Pujol marcó 8 °C más que el norte de la Casa de Campo. El estudio identificó aproximadamente 500.000 niños y personas mayores residiendo dentro de zonas con UHI nocturno superior a 7 °C, donde el riesgo de mortalidad por estrés térmico es máximo.

Otras estimaciones académicas (Universidad Complutense, AEMET, IGN) sitúan el UHI medio anual de Madrid entre 3 y 5 °C, con picos puntuales del orden de los 8 °C que confirma Arup. Sevilla, Zaragoza, Valencia y Murcia siguen en magnitudes menores pero crecientes. Barcelona, por estar en la costa, dispone de brisa marina nocturna que amortigua parcialmente el efecto.

Lo que mata: olas de calor superpuestas a UHI

Joan Ballester y colaboradores de ISGlobal publicaron en julio de 2023 en Nature Medicine el estudio de mortalidad atribuible al calor en Europa durante el verano de 2022, el más caluroso jamás registrado en el continente. La estimación fue de 61.672 muertes entre el 30 de mayo y el 4 de septiembre. Italia encabezó el ranking absoluto con 18.010 muertes; España fue segunda con 11.324. ISGlobal estimó posteriormente 47.690 muertes en el verano de 2023 y más de 62.700 en el de 2024. Es decir: la cifra ha pasado de excepcional a estructural en tres años seguidos.

La isla de calor no es la causa primaria de esos muertos: la causa es la temperatura absoluta. El UHI es la palanca que convierte una ola peligrosa en una ola letal en el centro urbano. Si el descenso nocturno se interrumpe en 25 °C porque la ciudad sigue irradiando calor almacenado, el cuerpo humano no se recupera entre días consecutivos de exposición, y la mortalidad acumulada por insuficiencia cardiaca, golpe de calor y descompensación de patologías crónicas se dispara.

Lo que enfría: árboles, agua y albedo

Las palancas conocidas y validadas para reducir UHI tienen jerarquía clara. La primera es el arbolado de sombra. Iungman et al. cifran que pasar del 14,9% de cobertura arbórea media en las 93 ciudades estudiadas al 30% prevendría aproximadamente 2.644 muertes prematuras por verano. La segunda es el albedo de superficies pavimentadas y de cubiertas: pintura blanca o pavimento reflectante reducen la temperatura superficial entre 5 y 7 °C respecto a las versiones oscuras tradicionales (datos Akbari y Heat Island Group de Lawrence Berkeley National Laboratory). En el artículo 3 de esta serie se cuantificó que pinturas radiativas alcanzan reducciones de 4-6 °C bajo el ambiente, no solo bajo la propia superficie.

La tercera palanca es el agua: fuentes evaporativas, láminas, pavimento permeable irrigado, paseos arbolados con riego nocturno. Su efecto es localizado pero cuantificable: 1-3 °C en el aire de paso. La cuarta es la geometría urbana: calles más anchas y orientadas a la ventilación nocturna, edificación menos densa en planta baja y porosidad ventilada en lugar de patios cerrados.

El laboratorio español: superilles, Madrid Río, MNAC

Mueller, Rojas-Rueda, Nieuwenhuijsen y colaboradores publicaron en 2020 en Environment International una evaluación de impacto en salud del modelo de superilles barcelonés en el escenario de despliegue completo de 503 unidades. La estimación: 667 muertes prematuras prevenibles al año, reducción del NO₂ ambiental medio del 24% (de 47 a 36 µg/m³), 117 muertes anuales evitables específicamente por reducción del calor urbano, aumento medio de la esperanza de vida en 200 días para la población adulta y un impacto económico estimado de 1.700 millones de euros anuales. La superilla, por tanto, no es solo movilidad o estética: es una intervención sanitaria con dosis-respuesta cuantificada.

Otros casos españoles: el proyecto Madrid Río (recuperación del corredor del Manzanares como parque lineal) ha aportado superficie verde y rebaja microclimática en barrios densos del centro-sur. El conjunto Pere IV en Barcelona, la peatonalización del eje verde de Cataluña en Eixample, las calles arboladas de Vitoria-Gasteiz dentro del Anillo Verde, son ejemplos documentados con métricas. La señal común es que la reversión del UHI por proyecto urbano funciona, pero exige escala. Una calle peatonalizada aislada no mueve el aire de la ciudad; una red trabada de superilles sí.

Lo que la regulación todavía no obliga

El Código Técnico de la Edificación, en su Documento Básico HE de Ahorro de Energía, regula la transmitancia y la absortividad solar de la envolvente edificatoria, pero no fija parámetros prescriptivos de albedo de cubierta ni de pavimento exterior privado. Las ordenanzas municipales de jardinería, cuando existen, son de carácter dispar y rara vez vinculan la cobertura arbórea de un planeamiento al cálculo de su isla de calor estimada. La Ley 7/2021 de cambio climático mandata zonas urbanas de bajas emisiones en municipios mayores de 50.000 habitantes, pero el énfasis es la calidad del aire por NO₂, no el balance térmico estival.

Tres cambios concretos cerrarían el desfase con la evidencia disponible. Primero, incorporar al CTE un parámetro de reflectancia solar mínima en cubiertas de obra nueva y rehabilitación profunda. Segundo, vincular las licencias de gran proyecto urbanístico a un cálculo prospectivo de UHI y a la conservación o aumento de la cobertura arbórea. Tercero, hacer obligatoria la integración de superficie permeable e irrigada en planeamiento residencial denso, con umbrales mínimos por habitante. Ninguno requiere reforma constitucional; todos están en manos de la Comisión Permanente del CTE y de los planes generales municipales.

Conclusión

El verano de 2022 mató en Europa a 61.672 personas, el de 2023 a 47.690, el de 2024 a más de 62.700. La isla de calor urbana, según el mejor estudio europeo disponible, es responsable del 4,3% de la mortalidad estival en las ciudades. Plantar árboles hasta cubrir el 30% del suelo urbano evitaría aproximadamente un tercio de las muertes adicionales que produce la propia ciudad. No hay debate científico abierto sobre si funciona: hay debate político sobre cómo financiarlo y qué priorizar. Cada plaza dura nueva, cada cubierta oscura sin albedo y cada calle sin árbol que se firma en 2026 contribuye a la siguiente cifra de mortalidad estival. La buena noticia es que las palancas son baratas comparadas con la red de aire acondicionado que sustituirían: un árbol cuesta entre 100 y 500 euros más mantenimiento; una cubierta blanca, unos pocos euros por metro cuadrado adicional sobre la cubierta convencional. La indecisión, en cambio, sigue costando un porcentaje cuantificable de muertes cada agosto.

Referencias bibliográficas

  1. Iungman, T., Cirach, M., Marando, F., Pereira-Barboza, E., Khomenko, S., Masselot, P., Quijal-Zamorano, M., Mueller, N., Gasparrini, A., Urquiza, J., Heris, M., Thondoo, M., & Nieuwenhuijsen, M. (2023). Cooling cities through urban green infrastructure: a health impact assessment of European cities. The Lancet, 401(10376), 577-589. DOI: 10.1016/S0140-6736(22)02585-5
  2. Ballester, J., Quijal-Zamorano, M., Méndez Turrubiates, R. F., Pegenaute, F., Herrmann, F. R., Robine, J. M., Basagaña, X., Tonne, C., Antó, J. M., & Achebak, H. (2023). Heat-related mortality in Europe during the summer of 2022. Nature Medicine, 29, 1857-1866. DOI: 10.1038/s41591-023-02419-z
  3. Mueller, N., Rojas-Rueda, D., Khreis, H., Cirach, M., Andrés, D., Ballester, J., Bartoll, X., Daher, C., Deluca, A., Echave, C., Milà, C., Márquez, S., Palou, J., Pérez, K., Tonne, C., Stevenson, M., Rueda, S., & Nieuwenhuijsen, M. (2020). Changing the urban design of cities for health: The superblock model. Environment International, 134, 105132. DOI: 10.1016/j.envint.2019.105132
  4. Akbari, H., Pomerantz, M., & Taha, H. (2001). Cool surfaces and shade trees to reduce energy use and improve air quality in urban areas. Solar Energy, 70(3), 295-310. DOI: 10.1016/S0038-092X(00)00089-X
  5. Arup. (2024). Hot Cities: A study of urban heat islands using AI and Earth observation. Londres: Arup Group.
  6. Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética. BOE núm. 121, de 21 de mayo de 2021.
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