La reutilización de estructuras antiguas. Beneficios y técnicas

La reutilización de estructuras existentes evita entre el 50% y el 75% de las emisiones de CO₂ asociadas a la demolición y nueva construcción, mientras que técnicas como el refuerzo con fibra de carbono y la rehabilitación sísmica prolongan la vida útil de edificios históricos entre 50 y 100 años adicionales.

La reutilización de estructuras antiguas. Beneficios y técnicas

Impacto ambiental de la reutilización frente a la demolición

La reutilización de estructuras antiguas constituye una de las estrategias más eficaces de reducción de emisiones en el sector de la construcción. Según el informe Preservation Green Lab del National Trust for Historic Preservation (2011, actualizado en 2016), la rehabilitación de un edificio comercial existente evita entre 50% y 75% de las emisiones de carbono embebido que generaría su demolición y reconstrucción equivalente. Un edificio de oficinas de 4.000 m² construido en los años 60 contiene aproximadamente 1.200 toneladas de CO₂ embebido en su estructura de hormigón armado; demolerlo y reconstruirlo emitiría otras 800 a 1.100 toneladas adicionales por la fabricación de nuevos materiales y el transporte de escombros, frente a las 200-400 toneladas que requiere una rehabilitación profunda.

Los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (2022) indican que el sector de la construcción y demolición genera 374 millones de toneladas de residuos anuales en la UE, representando el 37,5% del total de residuos. La Directiva Marco de Residuos 2008/98/CE, revisada en 2018, establece un objetivo de valorización del 70% en peso de los residuos de construcción y demolición para 2020, objetivo que solo 18 de los 27 Estados miembros alcanzaron. La reutilización in situ de la estructura elimina de raíz entre 60% y 80% de estos residuos, según datos del programa BAMB (Buildings as Material Banks), financiado por Horizonte 2020 con 9,5 millones de euros, que desarrolló pasaportes de materiales para 300 edificios en 7 países europeos.

Técnicas de evaluación y diagnóstico estructural

La reutilización de una estructura antigua requiere un diagnóstico estructural exhaustivo que determine su capacidad portante residual y las intervenciones necesarias. Las técnicas no destructivas (END) incluyen el esclerómetro Schmidt (estimación de resistencia superficial del hormigón con precisión de ±15-20%), la extracción de testigos cilíndricos de 75-100 mm de diámetro para ensayos de compresión según EN 12504-1:2019, el georradar (GPR) para localizar armaduras y cavidades a profundidades de hasta 600 mm, y la termografía infrarroja para detectar humedades y puentes térmicos. El coste de un diagnóstico completo para un edificio de 3.000 m² oscila entre 8.000 y 25.000 euros, según la Asociación Científico-Técnica del Hormigón Estructural (ACHE, 2022).

El Eurocódigo 8 Parte 3 (EN 1998-3:2005) establece los criterios de evaluación sísmica de estructuras existentes, definiendo tres niveles de rendimiento: Limitación de Daño (LD), Daño Significativo (SD) y Casi Colapso (NC). En España, la Norma de Construcción Sismorresistente NCSE-02 fue sustituida parcialmente por el Anejo Nacional del Eurocódigo 8 en 2023, que endurece los requisitos para zonas con aceleración sísmica básica superior a 0,04 g (abarcando el 70% del territorio peninsular). Los modelos de elementos finitos utilizados para la evaluación simulan el comportamiento no lineal de la estructura bajo cargas sísmicas, con análisis pushover que requieren tiempos de cálculo de 4 a 48 horas según la complejidad del modelo y el software empleado (SAP2000, ETABS, OpenSees).

Técnicas de refuerzo y adaptación estructural

El refuerzo con polímeros reforzados con fibra de carbono (CFRP) se ha consolidado como la técnica predominante para incrementar la capacidad portante de estructuras existentes. Las láminas de CFRP, con resistencias a tracción de 2.800 a 4.900 MPa y módulos elásticos de 120 a 240 GPa, se adhieren a vigas y pilares de hormigón mediante resinas epoxi, incrementando la capacidad a flexión entre un 40% y un 90% y la capacidad a cortante entre un 30% y un 60%, según datos de la guía FIB Bulletin 14 (2001, actualizada en 2019). El coste del refuerzo con CFRP oscila entre 120 y 350 euros/m² de superficie reforzada, frente a los 80-200 euros/m² del encamisado con hormigón armado, pero con la ventaja de añadir espesores de solo 1-3 mm y pesos inferiores a 2 kg/m², lo que preserva las dimensiones originales de los elementos estructurales.

La técnica de aislamiento sísmico en base, aplicada a edificios históricos, consiste en insertar dispositivos elastoméricos o de péndulo friccional entre la cimentación y la superestructura, desacoplando el movimiento del suelo. El proyecto de rehabilitación sísmica del Ayuntamiento de Christchurch (Nueva Zelanda), finalizado en 2019 con un coste de 64 millones de NZD (aproximadamente 36 millones de euros), instaló 41 aisladores de péndulo friccional que reducen las fuerzas sísmicas transmitidas a la estructura en un 80%. En Italia, el programa Sismabonus incentiva fiscalmente el refuerzo sísmico de edificios existentes con deducciones del 70% al 85% de la inversión (hasta un máximo de 96.000 euros por unidad inmobiliaria), habiendo movilizado más de 3.200 millones de euros en intervenciones entre 2017 y 2023 según la Agenzia delle Entrate.

Casos paradigmáticos de reutilización estructural

La reconversión de la Central Eléctrica de Bankside en Londres en la Tate Modern, completada en 2000 por los arquitectos Herzog & de Meuron, constituye un referente mundial de reutilización estructural. La estructura original de acero y ladrillo de 1947, con una superficie de 34.500 m² y una sala de turbinas de 155 metros de longitud y 35 metros de altura, fue adaptada al uso museístico conservando el 95% del volumen estructural existente. La ampliación Switch House (2016) añadió 22.000 m² adicionales con un coste de 260 millones de libras, mientras que la demolición y reconstrucción equivalente se estimó en 450 millones de libras, un 42% más. El museo recibe 5,9 millones de visitantes anuales y genera un impacto económico estimado en 100 millones de libras/año para el barrio de Southwark.

En España, la transformación de la antigua fábrica de cervezas El Águila en Madrid en la sede del Archivo Regional y Biblioteca Joaquín Leguina (finalizada en 2002, proyecto de Tuñón y Mansilla) reutilizó la estructura de muros de ladrillo visto de 1914 con 12.000 m² de superficie. El refuerzo estructural mediante micropilotes de 200 mm y vigas de reparto permitió adaptar las cargas de uso de almacenamiento (sobrecargas de 7,5 kN/m²) manteniendo íntegramente los muros perimetrales de 60 cm de espesor. El proyecto recibió el Premio de Arquitectura Española 2003 y el Premio Mies van der Rohe de la UE 2003. Más recientemente, la rehabilitación de los Docks de Marsella (2015, proyecto de 5+1AA) reconvirtió 52.000 m² de almacenes portuarios de 1858 en oficinas y comercios, conservando la estructura de muros de piedra caliza y bóvedas de ladrillo, con un coste de 175 millones de euros y un ahorro estimado de 28.000 toneladas de CO₂ respecto a la alternativa de demolición y construcción nueva.


Bibliografía

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