La biología irrumpe en la ingeniería de materiales de construcción
La idea de un concreto que respira y ladrillos que crecen. Explorando los materiales vivos, se descubre que ya no es ciencia ficción sino ingeniería aplicada. Los materiales vivos de construcción (Living Building Materials, LBM) incorporan organismos biológicos — bacterias, hongos, algas, cianobacterias — como agentes funcionales que confieren propiedades imposibles con la química inorgánica convencional: autorreparación de fisuras, captura de CO₂ durante la vida útil, crecimiento dirigido de estructuras, y regulación de la calidad del aire. El campo ha madurado rápidamente: el número de publicaciones científicas sobre "living building materials" creció de 12 en 2015 a más de 180 en 2023 (Scopus), y las primeras aplicaciones comerciales están ya en fase de escalado industrial.
La motivación ambiental es clara: la fabricación de cemento Portland genera el 8% de las emisiones globales de CO₂ (2.700 MtCO₂/año), y el sector de la edificación consume el 40% de los recursos naturales extraídos. Los materiales vivos proponen una alternativa radical: en lugar de calentar caliza a 1.450°C para fabricar clinker, utilizar procesos biológicos que operan a temperatura ambiente y presión atmosférica, y que en muchos casos absorben CO₂ en lugar de emitirlo. La transición está en sus primeras etapas, pero los datos de los prototipos y pilotos son suficientemente prometedores para justificar una revisión técnica detallada.
Hormigón autorreparable: bacterias que sellan fisuras
El hormigón autorreparable (self-healing concrete) incorpora bacterias formadoras de esporas — principalmente Bacillus pseudofirmus, B. cohnii y B. alkalinitrilicus — encapsuladas en el hormigón durante el amasado. Cuando se forma una fisura y el agua penetra, las esporas germinan, metabolizan un nutriente encapsulado (lactato de calcio) y precipitan calcita (CaCO₃) que sella la fisura. Jonkers et al. (2010) demostraron en la TU Delft que este proceso sella fisuras de hasta 0,8 mm de ancho en 28 días, con una eficiencia de sellado del 90-100% para fisuras < 0,5 mm. La restauración de la impermeabilidad alcanza el 85-95% del valor original.
La encapsulación es el reto técnico principal: las esporas deben sobrevivir al pH 12-13 del hormigón fresco y a las fuerzas de amasado. Las soluciones incluyen: microcápsulas de arcilla expandida (partículas de 1-4 mm con esporas y nutriente en su interior poroso), encapsulación en hidrogeles (alginato de calcio), y fibras huecas de vidrio o polímero. El producto comercial más avanzado es Basilisk (Países Bajos, spin-off de TU Delft): aditivo líquido para hormigón con esporas de Bacillus, aplicable en dosificadora como cualquier otro aditivo. El sobrecoste es del 10-30% sobre el hormigón convencional, pero se compensa con la reducción de costes de mantenimiento: las reparaciones de fisuras representan el 50% del gasto de mantenimiento de estructuras de hormigón (RILEM, 2020), con un coste medio de 50-150 €/m lineal de fisura reparada.
Ladrillos de micelio: estructuras que crecen en días
Los ladrillos de micelio se fabrican cultivando la red radicular (micelio) de hongos — típicamente Ganoderma lucidum o Pleurotus ostreatus — sobre un sustrato de residuos agrícolas (paja de trigo, cáscaras de arroz, bagazo de caña). El micelio coloniza el sustrato en 5-7 días a 25-30°C, formando una matriz fibrosa natural que actúa como ligante biológico. Tras el crecimiento, el material se seca (desactivando el hongo) y se obtiene un bloque con densidad de 60-180 kg/m³, conductividad térmica de 0,040-0,060 W/m·K (comparable a la lana mineral), y resistencia a compresión de 0,1-0,5 MPa — suficiente para aplicaciones de aislamiento y particiones interiores no portantes. Estos son los ladrillos que crecen.
La empresa Ecovative Design (EE.UU.) lidera la comercialización con su producto Myco Composite, utilizado en el proyecto Hy-Fi (MoMA PS1, Nueva York, 2014): una torre de 12 metros construida con 10.000 ladrillos de micelio que fue completamente compostada al finalizar la exposición. Grown.bio (Países Bajos) produce paneles de micelio para interiorismo a escala industrial (50.000+ unidades/año). El consumo energético de fabricación es de 0,5-2,0 MJ/kg — un orden de magnitud inferior al ladrillo cerámico cocido (3,0-5,0 MJ/kg). La limitación principal es la resistencia a la humedad: sin tratamiento hidrófugo, el micelio absorbe agua y pierde propiedades. Los recubrimientos de base biológica (cera de abeja, shellac, aceite de linaza) extienden la durabilidad a 20-30 años en aplicaciones interiores.
Bioconcreto con captura de carbono: el hormigón que absorbe CO₂
El bioconcreto desarrollado por Heveran et al. (2020) en la Universidad de Colorado Boulder utiliza cianobacterias fotosintéticas (Synechococcus) que capturan CO₂ y precipitan carbonato cálcico dentro de una matriz de arena y hidrogel. El material resultante tiene una resistencia a compresión de 2-5 MPa (comparable al adobe) y la capacidad de regenerarse: al partir un bloque en dos y proporcionar nutrientes y luz, las bacterias crecen y fusionan las mitades en 6-8 horas. Cada generación de bloques puede producir 2-3 réplicas antes de que la población bacteriana decline, con una eficiencia de captura de 3-8 kgCO₂/m³ durante el proceso de mineralización.
Las superficies biorreceptivas representan otra vía: hormigones diseñados para ser colonizados por microalgas, líquenes y musgos que capturan CO₂ durante la vida útil del edificio. El grupo de la UPC Barcelona (Universitat Politècnica de Catalunya, Manso et al., 2020) ha desarrollado paneles de hormigón con pH ajustado (7-9, frente al 12-13 del hormigón convencional) y rugosidad controlada que facilitan la colonización biológica. Los paneles biorreceptivos capturan 3-5 kgCO₂/m²·año y mejoran la calidad del aire local al absorber NOx y partículas. El edificio BIQ House (Hamburgo, 2013) incorpora una fachada de 200 m² con biorreactores de microalgas que producen biomasa y calor, reduciendo la demanda energética del edificio en un 30-40%.
Materiales vivos en la regulación del aire interior
Los materiales vivos pueden actuar como biofiltros integrados en la envolvente del edificio. Las paredes vegetales con sustrato activo (living walls) filtran COV (compuestos orgánicos volátiles) y CO₂: un estudio del CSIRO (2019) demostró que un muro verde activo de 2 m² con sistema de circulación forzada reduce la concentración de formaldehído en un 60-80% y la de benceno en un 40-60% en una oficina de 30 m². El sistema Naava (Finlandia) comercializa muros biológicos con ventilación integrada capaces de tratar 150-200 m³/h de aire por módulo de 1,5 m².
Los hormigones fotocatalíticos con TiO₂ (dióxido de titanio) descomponen contaminantes atmosféricos (NOx, COV) bajo luz UV: el cemento TX Active (Italcementi/Heidelberg Materials) reduce la concentración de NOx en un 20-40% en el entorno próximo, como demostró el ensayo de la calle Borgo Palazzo en Bérgamo (Italia, 2006) donde se pavimentó un tramo de 7.000 m² con hormigón TX Active, registrando una reducción del 26% de NOx respecto a la calle de control. Estos materiales que "respiran" — filtrando, transformando y purificando el aire — difuminan la frontera entre edificio y ecosistema, concreto que respira y ladrillos que crecen. son las primeras manifestaciones de una arquitectura biológicamente activa.
Bibliografía
- [1]Application of bacteria as self-healing agent for the development of sustainable concreteEcological Engineering, 36(2), 230-235.
- [2]Biomineralization and Successive Regeneration of Engineered Living Building MaterialsMatter, 2(2), 481-494.
- [3]Bioreceptivity of concrete for biological colonization as a new functionality for energy saving in buildingsConstruction and Building Materials, 237, 117594.
- [4]Self-Healing Phenomena in Cement-Based Materials — State-of-the-Art Report, TC 253-MCISpringer. ISBN: 978-3-030-33845-5
- [5]Myco Composite: Technical Specifications and Lifecycle AssessmentEcovative Design LLC.
- [6]TX Active: Photocatalytic Cement for Air Purification — Technical DocumentationItalcementi Group.
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